12 formas de distorsionar la realidad

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12 formas de distorsionar la realidad

Por Adam J. Jackson

 

Existen unos mecanismos mentales, unos hábitos de pensar y de sentir, que nos conducen involuntariamente a una interpretación deformada de la realidad, y que nos conviene analizar.

 He aquí los más usuales:

 1. Pensamiento del tipo todo o nada.

 Equivale a ver la realidad en blanco y negro. Una cosa es correcta o incorrecta, buena o mala, positiva o negativa. No se admiten matices intermedios. Supone rigidez mental. La persona que utiliza con frecuencia este tipo de distorsión, tiende a pasar de la euforia al desánimo con mucha facilidad.

2. Sobregeneralización:

Cuando a partir de un acontecimiento puntual negativo, generalizamos excesivamente. Es decir, exageramos las conclusiones más allá de lo razonable. Es frecuente en este caso el uso de expresiones tales como todo, nunca, siempre, etc. Por ejemplo, se me estropea el coche y me digo: Todo me sale mal; un amigo me defrauda, y pienso: No se puede confiar en nadie.

 3. Filtro mental:

Cuando escogemos un único detalle negativo de una situación determinada y centramos ahí toda nuestra atención, de manera que la perspectiva general se oscurece. Por ejemplo, recibo elogios de mis compañeros de trabajo por la presentación de un proyecto nuevo pero uno de ellos manifiesta una ligera crítica. Durante unos días me obsesiono con su reacción, olvidando todo lo positivo que me han dicho los demás.

4. Descartar lo positivo:

 Cuando rechazamos las experiencias positivas de alguna cosa insistiendo en que no cuentan. Por ejemplo, realizo un buen trabajo en algo pero me autodesvalorizo diciéndome que cualquiera podría haberlo hecho.

  voluntad

manipulación

Distorsión

 5. Precipitarse en las conclusiones o/y hacer predicciones negativas:

Cuando interpretamos las cosas de forma negativa sin que haya suficientes hechos que avalen nuestra conclusión. O bien nos anticipamos al futuro pensando que algo va a salir mal. Por ejemplo, me encuentro con mi amigo Pedro, lo veo muy serio y, sin tener más datos, concluyo que está ofendido conmigo por algo. O tengo que ir a una entrevista de trabajo y antes de salir de casa ya estoy convencido de que saldrá mal.

 6. Lectura del pensamiento.

 Cuando asumo lo que determinadas personas están pensando o sintiendo, con poca o ninguna evidencia. Por ejemplo, me digo: Sé exactamente por qué Patricia me contestó ayer de aquella manera, sin más evidencia que mi intuición. O pienso que no hace falta pedirle directamente a mi pareja lo que necesito, en un momento dado, porqué él/ella ya lo sabe o si me quisiera realmente, ya lo sabría.

7. Magnificación-Minimización:

 Cuando exageramos la importancia de un problema, de nuestros defectos o puntos débiles, etc. o bien minimizamos la importancia de nuestras aptitudes y de las cosas buenas que hemos conseguido.

8. Razonamiento emocional:

Cuando utilizamos nuestras emociones como evidencia objetiva de algo o para validar una creencia o pensamiento, sin tener en cuenta otros aspectos de la situación. Por ejemplo, me siento inferior en algo y concluyo que lo soy realmente. O siento pánico de viajar en avión y concluyo que es muy peligroso.

 intereses

pesimismo

optimismo

9. Pensamientos debería/debo/tengo que… etc.:

 Cuando nos decimos a nosotros mismos que las cosas deberían o deben ser como nosotros queremos o esperamos que sean. Eso nos lleva fácilmente a sentimientos de culpa y frustración. Por ejemplo: No tendría que haber cometido este error, las cosas tendrían que ser más sencillas, Fulano debería ser de tal o cual manera. Es conveniente sustituir los debería… por me gustaría que… estaría muy bien que… etc. Por lo que se refiere a obligaciones personales que nos imponemos, en algunos casos nos podríamos plantear si queremos realmente hacerlo o no, y asumir las consecuencias de nuestra decisión, en lugar de machacarnos con los debería/tengo que…

 10. Etiquetaje:

Cuando hacemos alguna cosa de la que no nos sentimos orgullosos, cometemos alguna equivocación… y en lugar de centrarnos en lo que hemos hecho, nos cuestionamos toda nuestra persona. O cuando alguien hace alguna cosa que nos molesta y, en lugar de referirnos a la conducta concreta que desaprobamos, generalizamos a toda su persona poniéndole una etiqueta. Por ejemplo, cometo un error en mi trabajo y me digo: Soy tonto, en lugar de: Me he equivocado en tal o cual cosa. O alguien hace algo que me molesta y le digo: Eres un estúpido en lugar de: Me ha dolido que hicieras…

 11. Personalización:

Cuando asumimos toda la responsabilidad por un hecho que no está o estaba totalmente bajo nuestro control. Por ejemplo, mi pareja se separa de mí y automáticamente pienso que toda la culpa ha sido mía. O mi hijo me trae malas notas de la escuela y, en seguida, pienso que no le sé educar bien.

12. Indefensión-Victimismo:

 Cuando nos sentimos víctimas indefensas en lugar de aceptar nuestra parte de responsabilidad en los hechos, o de hacer alguna cosa para mejorar la situación. Es el caso opuesto a la personalización. Por ejemplo, si me quejo constantemente de lo mal que me van las cosas pero no hago nada para cambiar mi suerte.

 .

Extraído de la web

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La intuición y las energías negativas

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Cómo liberarse de las Energías Negativas

Una práctica interesante y liberadora es la no-identificación con las emociones negativas.
Pues bien, ¿Qué son y cómo se generan las emociones negativas?
La respuesta es de comprensión simple: Son emociones negativas todo aquel sentir interior que lo arrastra a uno hacia el lodo, hacia el lado oscuro y desagradable de uno mismo.
Cuando usted capta que algo en su mente se está complicando, enredando, y llevándolo a sentirse mal consigo mismo, en ese momento está frente a una emoción negativa.
Muchas de estas emociones se originan siguiendo una pauta que con el tiempo, si usted la observa, resulta repetida y por lo tanto reconocible.
Obsérvese.
Usted tiene una experiencia cualquiera, que capta a través de sus sentidos y recibe en forma de impresiones, y resulta que cuando estas impresiones llegan a su mente éstas se asocian con ideas antiguas.
Entonces estas ideas, estos pensamientos, estos recuerdos preexistentes literalmente trastocan y transforman estas nuevas impresiones, arrastrándolo a usted hacia un espacio interno negativo, pesado, indeseable. Así­ sucede.
Así es como se originan muchas de las emociones negativas. Son fruto de un encadenamiento de asociaciones mentales involuntarias y muy perjudiciales.
Y como usted no le pone atajo a este proceso mental, porque ni siquiera se da cuenta de que esto sucede, en su mente comienza a desplegarse un rollo de pensamientos y emociones cargadas de una energía negativa, con las cuales usted se identifica y por las que es arrastrado.
Nótese que para ser felices no nos falta nada que ya no tengamos, nada nos falta que pueda producirnos y justificar la ansiedad y angustia que a veces sentimos.
Porque para ser felices no se trata de obtener algo que nos falte, sino que de desembarazarse lo más rápido posible de algo que nos sobra: las emociones negativas.
Ellas son las que nos impiden obtener la ansiada felicidad.
Ahora bien, liberarse de esta clase de emociones, no-identificarse con ellas, es un hecho extraordinario y perfectamente posible.
El método consiste en decirle que no a las emociones negativas.
Consiste en reconocerlas en el momento preciso que van a formarse, cuando las nuevas impresiones empiezan a mezclarse con esas ideas, pensamientos o recuerdos preexistentes de que hablamos. Cuando usted se da cuenta que si permite que se desenrolle en su mente ese rollo negativo, producto del proceso de asociaciones que ocurre en esa misma mente, el asunto no tiene otro destino que una mala onda; en ese momento usted tiene que negarlas, no darles cabida, no permitirles que respiren. Tenga en cuenta que una emoción negativa es siempre algo agregado a la experiencia.
Algo que uno le agrega a lo que verdaderamente sucede.
Algo que ocurre en nuestras mentes y no en la realidad.
Por ejemplo: cuando usted se pega un martillazo en un dedo y, además del dolor, empieza a pensar en la mala suerte que tiene; en lo poco diestro que ha sido; en que ese dedo hinchado no le va a permitir trabajar como usted quiere; en que si tiene el dedo quebrado tendrá que ir al médico y que esto casi siempre es muy caro; y que entonces tendrá problemas con su presupuesto, justo cuando querí­a hacerle un buen regalo a su novia… Este es un buen ejemplo de encadenamiento de asociaciones negativas.
Como se ve, estos pensamientos son absolutamente agregados al hecho de haberse golpeado un dedo con el martillo y sentir su dolor.
Como queda claro entonces aquello no es más que el producto de un proceso mental equivocado. Un agregado mental que está de más, que es prescindible. ¿Lo ve usted? Es perfectamente posible vivir sin que esta cadena de asociaciones negativas tenga lugar.
Liberarse.
Sólo recuerde y dígase: todo esto sucede en mi mente y no en la realidad.
Tómelo si quiere como un vil engaño de su mente indisciplinada, especí­ficamente de su intelecto donde uno, en forma errónea, vive la mayor parte del tiempo reduciendo toda la existencia a su dominio.
Dicho sea de paso, hay que comenzar a entender que reducir la vida al plano del intelecto es condenarse a vivir una vida disminuida, un grave error. Cosa ésta que uno hace sin darse cuenta, desperdiciando la vida, identificándose con ilusiones la mayorí­a de las cuales son negativas, violentas, depresivas, infernales.
En resumen: La emociones negativas existen sólo si usted les permite la existencia.
Solo si usted no está atento para detenerlas en el momento preciso que se empiezan a formar.
Sólo si usted insiste en creer que ellas son inevitables y no hace el esfuerzo por descubrir y comprender su condición de mero agregado psicológico, prescindible.
En ese caso usted es ví­ctima de las emociones negativas.
Cuando se deja llevar por ellas y no les pone atajo.
Primeramente poniendo mucha atención y voluntad y, después con el tiempo y la práctica, con la simple y profunda comprensión de que éstas no sirven para nada, sino para perjudicarnos la existencia. Para impedirnos ser personas sencillas y felices.
¡Libérese!!!!!!

Las energías del Miedo y del Amor . David Topí

Tal y como dijimos en el artículo anterior, vamos a empezar a trabajar y explicar diferentes conceptos energéticos presentes y que forman parte de la experiencia humana y de la forma en la que nuestra psique está constituida. Hablar de las energías de miedo y amor es hablar de los dos componentes básicos que moldean la interacción humana en el mundo en el que vivimos. Todo puede reducirse, si fuéramos un poco drásticos, a energías de miedo, o basadas en él, o energías de amor, o derivadas del mismo. Como los dos extremos de un péndulo, son dos fuerzas que antagonizan, y si una está, la otra no suele poder hacerlo también a la vez.

Evidentemente, todo miedo puede ser transmutado con amor, pero con amor “cuántico”, pues el amor “romántico” que fluye por las capas más bajas del sistema energético humano tiene bastante sustrato también de miedo: de miedo a quedarse solo, de miedo a que no nos quieran, de miedo al sufrimiento, de miedo a perder a la persona con quien estamos, etc., por lo tanto, ese amor “real”, o ese amor cuántico que es el polo opuesto al miedo como energía, no es el amor de nuestras películas y series, de relaciones basadas en la necesidad o el aprovechamiento mutuo, sino el amor como bloque básico de creación de todo lo que es consciente y vivo en el universo.

El sustrato base de la Creación

Para poder entender el amor es necesario entender que no hay nada que pueda existir sin una energía base que lo forme. Esa energía base es consciente, y tiene una vibración, frecuencia y cualidad que le hace ver a todo como parte de todo, y sentirse parte de todo eso a su vez, pero que, cuando llega a niveles más densos y llega a convertirse en emoción humana, y usamos la palabra amor para definir algo que sentimos viene de esos otros niveles más elevados, no estamos describiendo o percibiendo sino el pálido reflejo en el mundo físico de lo que el amor es realmente como energía y sustrato en toda la Creación.

No hay forma de hacerle comprender a la mente humana este concepto si no es a través de algún tipo de experiencia sublime, en la que se pueda llegar a alcanzar en algún momento una conexión con esta vibración en su estado más puro y real. Los que han tenido atisbos de ese amor como sustrato básico de Todo, se dan cuenta de lo difícil que es expresarlo y explicarlo a otros, ya que es algo que solo sentido, vivido y experimentado en uno mismo, a través de la conexión que todos tenemos con otros planos donde esta energía es pura, creativa y sin distorsionar, radiante y luminosa, uno puede comprender lo que es realmente. Luego, al ser canalizada con mayor o menor distorsión hacia el plano físico, a través del sistema energético, aun disminuida en frecuencia, filtrada y coloreada ya por las emociones y formas mentales, nos permite tener un sentimiento al que le ponemos el mismo nombre, amor, aunque solo sea un sucedáneo del concepto original.

El miedo, motor de la sociedad

Por otro lado, el miedo es la contrapartida energética terrenal que mantiene una parte del sistema de vida humano en funcionamiento, pues la mayor parte de las personas hacemos casi todo por miedo. Vamos a trabajar por miedo a la falta de recursos, miedo a ser dejado de lado en la sociedad, miedo a no tener nada que hacer, a no ser útil, a no ser reconocido, importante, aceptado, a no estar integrado con los demás, etc. Entramos en relaciones, a veces (no quiero generalizar), por miedo a quedarnos solos, a que nadie nos acepte, a no seguir las normas sociales o vernos apartados por ellas, etc. Acatamos resoluciones, imposiciones y órdenes por miedo a las consecuencias, por miedo a sufrir, por miedo a ser castigados, etc.

Así que, en general, una parte de las acciones y mecanismos que rigen aún el sistema de control de la vida humana funcionan gracias al miedo. ¿Y esto porqué? Porque el programa de gestión de la psique, el ego, usa el miedo como combustible.

Si quitamos las etiquetas asociadas a ambos potenciales y lo viéramos solo como dos energías neutras, dos tipos diferentes de gasolina, el programa ego y los mecanismos de gestión de la realidad necesitan la gasolina miedo para su funcionamiento, que es la que tiene el octanaje adecuado para esta parte nuestra, ya que si le metemos la gasolina amor, no le va bien según diseño original, sin embargo, es lo que interesa insertar, para restarle fuerza, algo que ya muchas personas están haciendo con su propio trabajo interior de crecimiento y sanación, al ir limpiando, sanando, transmutando y eliminando esos miedos, restándole combustible al ego, y dejando que la consciencia del Yo Superior, que usa la gasolina amor, tenga más fuerza para encontrar huecos entre los que manifestarse, y hacerse poco a poco más presente.

Potenciando el amor “cuántico”

Una vez hemos comprendido esto, el siguiente paso para poder acercarnos a potenciar el uso de amor cuántico es tomar consciencia de que no hay forma de avanzar y evolucionar si nos nutrimos, proveemos y generamos el combustible miedo para ello. Como esta energía hace funcionar los mecanismos automáticos de la psique, y, por inercia, a la personalidad que tenemos, y a nuestra consciencia artificial, el ser humano ha de hacer un esfuerzo constante para poder suprimir su manifestación y expresión cuando esta gasolina hace su aparición en forma de emociones negativas, patrones de comportamiento, formas mentales y cosas por el estilo.

No hay forma de parar la actividad y función de los programas de la psique y del ego que funcionan en modo autómata si se los sigue abasteciendo de energía miedo, de forma que solo comprendiendo, aceptando y transmutándolos, quitamos poco a poco el sustrato y remanentes energéticos almacenados en los cuerpos sutiles que lo producen, haciendo que el ego y sus procesos puedan perder la fuerza que tienen a los mandos del cuerpo que usamos.

Y es que el amor cuántico es infinito, omnipotente y omnipresente, todos los seres humanos como parte de nuestra función en el planeta tenemos la capacidad y propósito de canalizar y proyectar esta energía hacia nuestro plano físico, siendo los responsables de la co-creación de nuestra realidad en el mismo, usando esta materia prima de amor, como sustrato de construcción.

Pero, como ya sabéis, esto no suele ser así, ya que se nos induce constantemente a generar miedo y proyectar todo lo contrario al amor, debido a la situación peculiar y anacrónica en la que la raza humana existe desde hace milenios, ya que seguimos siendo actualmente una especie generadora de alimento para otras razas y grupos, entes y seres, de las que ya os hable en el artículo anterior, que se nutren y viven principalmente a través de esta otra gasolina de poco octanaje y calidad vibracional.

Al final, la cuestión es que la capacidad de sintonizar y generar una u otra energía está presente en nosotros, que somos el instrumento y tenemos todo lo necesario para ello, y solo depende del trabajo y elección consciente de cada uno, que nos dediquemos a ser una fuente para potenciar una o la otra, acorde a lo que cada uno desee para si mismo, y para el conjunto de la humanidad a la que pertenece.

un abrazo,
David Topí

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Nuestra vida está rodeada de positividad y negatividad, algo que nos ayuda a motivarnos, a aprender y también a seguir hacia delante y conseguir nuestras metas.

Pero, ¿sabes qué podrías atraer la positividad siempre que lo desees? Solo hace falta predisposición para ello y seguir unos breves consejos para que te conviertas en un verdadero imán de energía positiva.

“Tienes que ser el tipo de persona que genera energía positiva y elude la energía negativa, en lugar de fortalecerla”-Stephen Covey-

 

 Si empezamos a pensar en positivo, atraeremos la energía positiva que generará que tengamos una vida feliz y perfecta, llena de plenitud.

Tanto solo, tenemos que aprender a proyectar nuestra energía interna hacia el exterior. Si somos positivos interiormente y lo transmitimos al exterior, aprenderemos a vivir nuestra vida con felicidad y positivismo, además de que todo empezará a irnos mucho mejor.

 

Vive aquí y ahora

 

No vivas en el pasado y no te obsesiones con el futuro. Las cosas que ya han pasado no se pueden cambiar y el futuro aún está por venir, con muchas sorpresas que descubrir.

Aunque resulte difícil, debemos centrarnos en el presente solventando y aprendiendo de aquellos errores del pasado y esperando el futuro con optimismo y expectantes de lo que nos pueda sorprender y pasar.

Muchas veces, perdemos el tiempo pensando en lo ya pasado o en lo que podrá pasar, en vez de centrarnos en el presente que es lo que importa.

Piensa que la vida es solo un instante y que el tiempo pasa muy rápido. Si no aprovechas el aquí y el ahora, si vives de sueños, estarás perdiendo valiosos momentos.Céntrate en tu presente y vive cada día con optimismo, ganas y fuerza.

Una de las prácticas que deberíamos hacer y que nos ayudarán en este cometido es la meditación. Con tan solo unos minutos al día podemos ser conscientes de nuestro presente, ver las cosas más claras y lograr la calma y la tranquilidad que tanto necesitamos.

“Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla” -Epicuro-

Observa tus pensamientos, analízalos sin censurarlos, piensa y visualiza a dónde te quieres dirigir y empezarás a centrarte en el aquí y el ahora.

La meditación te permitirá incluso encontrarle solución a esos problemas que antes parecían no tenerlos. Además, te ayudará a ver las cosas mejor permitiendo adoptar mejores decisiones.

AGRADECE SIEMPRE QUE PUEDAS

Estar agradecidos absolutamente con todo, nos ayudará a lidiar con casi cualquier situación con serenidad, seguridad y gratitud. Pero, ¿por qué deberíamos estar agradecidos?

  • Por las cosas buenas y las cosas malas.
  • Por aquellos errores que cometimos, pero que nos ayudaron a avanzar y aprender.
  • Por aquellas cosas pequeñas, que quizás puedan parecer insignificantes.
  • Por estar vivo y poder hacer tus sueños realidad.
  • ……por todo aquello que sientas y reconozcas en tu vida…

Estas y otras muchas cosas son las que podemos agradecer para poder estar bien con nosotros mismos y sentirnos más confiados. Además, esto nos permitirá atraer toda la energía positiva que podamos, algo que nos ayudará a vivir con grandes dosis de positivismo.

Pero estar agradecido también implica estar agradecido con uno mismo. Gracias a esto, evitaremos expresarnos mal de nosotros mismos sobre todo cuando cometemos un error, pues tendemos a desacreditarnos.

Cuántas veces has pensado: “¿pero por qué no hice aquello?”, “¿porqué no me atreví?”, “qué tonto fui”… Una amplia gama de adjetivos negativos y palabras descalificadoras que te dañan y provocan que la energía positiva se ausente.

Conviértete en un imán de energía positiva y acoge a la paciencia, la tranquilidad y la calma en tu vida

Aprende a crear a tu alrededor un ambiente de tranquilidad y armonía que te ayude a vivir el presente, estar agradecido hasta contigo mismo y evitar desacreditarte ante posibles errores o situaciones que sean muy negativas.

Llena tu casa de aromas, de colores, de velas, ¡haz cambios! Todo esto hará que la energía positiva se vea atraída y todo en tu vida empiece a cambiar, para bien.

No permitas que la energía negativa ocupe tu vida y conviértete tú mismo en un imán de energía positiva con estos sencillos pasos que te harán reflexionar.

 

Por: Raquel Lemos Rodríguez

Rendirte al Amor

 

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Nunca te enamoras de otra persona; la otra persona sólo es un catalizador y un mensajero.

Te enamoras de la vida misma, y de sus asombrosas posibilidades.

Te sumerges más profundamente en tu propia dulce presencia, en la inmutable vastedad de la esencia de tu ser.

Y le das el crédito a alguien más. O la culpas cuando te desconectas. Pero todo es tú, y todo es para ti, y para tu sanación, y también para la de ellos, y para la salvación de este mundo.

Es un redescubrimiento de lo que realmente eres, más allá de las máscaras, más allá de las fachadas cuidadosamente construidas, de las infinitamente creativas defensas diseñadas por una sola razón: para conseguir Amor, o impedir que lo pierdas, como si el Amor fuera algo que se pudiera ganar o perder.

Y así, simplemente caes rendido en el Amor, en tu naturaleza, en tu corazón, que es el corazón del otro, porque no hay separación en la inmensidad, no hay una doble inmensidad, sino sólo Una.

No hay necesidad de salir de ti mismo para saber lo que estás buscando.

Tú eres el Uno, nunca un buscador de Amor, sino su fuente y su destino y su razón, y puedes moverte y ser en el mundo como eso.

Y puedes brillar como el sol, y a veces, otros brillarán contigo, o no brillarán; buscarán tu brillo o le temerán; sin embargo, tú seguirás brillando de cualquier forma, porque estás enamorado de la luz misma.

Conocer el Amor es saber que el Amor nunca puede ser encontrado, porque brilla en la búsqueda, en el hallazgo, en la pérdida, en la intensidad misma del brillo, incluso en la quietud de la noche.

Como Freud se dio cuenta, no puedes Amar lo que deseas, y no puedes desear lo que Amas. Porque el Amor es algo mucho más próximo, mucho más íntimo, mucho más cercano que cualquier deseo; incapaz de ser objetivado u objetivarse a sí mismo.

Yo soy Amor, y soy lo que tú eres.

Eso es todo.

*Jeff Foster

No te Ates. Anthony de Mello

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¿Qué hace falta para  despertarse? No hace falta esfuerzo ni juventud ni dis­currir mucho.  Sólo hace falta una cosa, la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo desconocido. Es la  capa­cidad de movernos fuera de los esque­mas que tenemos. Ser capaz de  saltar sobre los esquemas y mirar con ojos nuevos la realidad que no  cambia.
 
 
El que piensa como marxista, no  piensa; el que piensa como budista, no piensa; el que piensa como  musulmán, no piensa… y el que piensa como católico, tampoco piensa.  Ellos son pensados por su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en  cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología. Vives dormido y  pensado por una idea.
 
 
El profeta no se deja lle­var por ninguna  ideología, y por ello es tan mal recibido. El profeta es el pionero, que se atreve a elevarse por encima de los esquemas, abriendo camino. La Buena Nueva fue rechazada por­que no querían la liberación personal,  sino un caudillo que los guiase. Tememos el riesgo de volar por  noso­tros mismos. Tenemos miedo a la li­bertad, a la soledad, y  preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos ata­mos voluntariamente,  llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos queja­mos de no ser libres.  ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres cons­ciente de tus cadenas?
 
 
Las mujeres se atan a sus  maridos, a sus hijos. Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos  nos atamos a los deseos y nuestro argumento y justifi­cación es el amor. ¿Qué amor? La rea­lidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con  un amor adulterado y raquítico que sólo abarca el yo, el ego. Ni  siquiera somos capaces de amarnos a nosotros mismos en libertad.  Entonces, ¿cómo vamos a saber amar a los demás, aunque sean nuestros  es­posos o nuestros hijos? Nos hemos acostumbrado a la cárcel de lo  viejo y preferimos dormir para no descubrir la libertad que supone lo  nuevo.   Lo peor y más peligroso del que duerme es creer que está despierto y confundir sus sueños con la realidad.  
 
 
No confundas los sueños Vosotros estáis dormidos porque, si no, ya no necesitarías venir a este cur­so.  Si ya lo vierais todo con ojos nue­vos, ya no necesitaríais venir a  desper­taros. Pero, si sois capaces de recono­ceros dormidos, ser  conscientes de que no estáis despiertos, ya es un paso. Pues lo peor y  más peligroso del que duer­me es creer que está despierto y con­fundir  sus sueños con la realidad. Lo primero que necesitáis para despertar, es saber que estáis durmiendo y estáis soñando.
 
 
La religión es una cosa buena en sí, pero en manos de gente dormida pue­de hacer mucho daño. Y lo  podemos ver muy claramente por la historia de una religión que, en el  nombre de Dios, cometió tantas barbaridades creyendo que hacía el bien.  Si no sabes emplear la religión en esencia, en libertad, sin fanatismos  ni ideologías de un color u otro, puedes hacer mucho daño y, de hecho,  se sigue haciendo.
 
 
Para despertar hay que estar  dispues­to a escucharlo todo, más allá de los cartelitos de buenos y  malos, con receptividad, que no quiere decir credu­lidad. Hay que  cuestionarlo todo, aten­tos a descubrir las verdades que puede haber,  separándolas de las que no lo son.
 
 
Si nos identificamos con las teo­rías sin cuestionarlas con la razón -y sobre todo con la vida- y nos las  tra­gamos almacenándolas en la mente, es que seguimos dormidos. No has  sabi­do asimilar esas verdades para hacer tus propios criterios. Hay que ver las ver­dades, analizarlas y ponerlas a prueba, una vez  cuestionadas. “Haced lo que os digo”, dice Jesús. Pero no podremos  hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nue­vo, despierto,  libre, que ya puede amar.
 
 
“Aunque diera todo a los pobres, y mi cuerpo a las llamas -dice Pablo­, ¿de qué me serviría si no amo?”  Este modo de ver de Pablo se consigue vi­viendo, y este modo de ser nace de es­tar despierto, disponible y sin engaños.
 
 
Cuando la relación entre amigos  no funciona lo bien que tú quisieras, pue­des aliviarla. Puedes pararte y comen­zar una tregua, pero si no has puesto al aire las premisas que  están debajo, el problema sigue en pie, y seguirá gene­rando  sentimientos negativos.
El alma que hablar puede con los ojos también puede besar con la mirada.
Si queres conocer la verdad no des ninguna opinión. Ni a favor ni en contra.
Porque la lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente….