AMATE

EL PUNTO CERO, EL ADN Y EL AMOR A SI MISMO

Si nos quedaran sólo unos minutos por vivir, iríamos a lo esencial. Ya no habría búsqueda, sólo la aceptación de lo que es. No tendríamos el tiempo de convertirnos en alguien mejor. Solo podríamos ser convergentes en el punto cero. En el centro de la convergencia del punto cero, todo se vuelve aceptable; la ansiedad de anticipación, la confusión, la distracción y el deseo, la paz, el amor y la alegría.

El actual propósito planetario consiste en recuperar nuestra soberanía y acabar con la polarización dual. Ésta significa que si yo creo algo únicamente a partir de la luz genero inevitablemente una fuerza creadora negativa en alguna otra parte.

Debemos dejar de favorecer a una sola polaridad por encima de la otra e ir más allá tanto de la polaridad positiva (luz) como de la negativa (oscuridad). En el transcurso de nuestra evolución, ahora hemos llegado al punto en que debemos integrar ambas polaridades.

En efecto, nos hallamos en un estado de constante lucha entre la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo. Ese es el dilema de la encarnación humana. Los chinos tienen un proverbio: “¡Lo que sube debe bajar!” La historia está llena de ejemplos de esa índole. Vamos constantemente de una polaridad a la otra.

El único modo de detener esta incesante oscilación es hallarse en la frecuencia de amor en el Punto Cero. Nuestra sociedad, sin embargo, no se basa en el amor y, remontándonos en la historia de los humanos, resulta difícil encontrar una época durante la cual éste prevaleciese.

Podemos observar largos períodos de conquista y tranquilidad, ¡pero parecen haber predominado la política, los conflictos y toda clase de guerras por encima de las odas al amor! Esta es la impresión que yo tengo, y esta es precisamente mi opinión: que el “programa de amor” es un programa importante entre otros muchos que han sido desactivados en nuestro ADN.

El estado de amor constituye un espacio situado más allá de las polaridades positiva o negativa. En este espacio el bien y el mal, la luz y la oscuridad, lo correcto y lo incorrecto y todas las demás expresiones de dualidad coexisten en un punto de equilibrio denominado el Punto Cero.

Este punto no es un estado neutral. El Punto Cero no es estático: es multidimensional, se halla en continuo movimiento y en medio de un perpetuo cambio. El Punto Cero está constantemente en movimiento porque la fuerza positiva de la luz y la fuerza negativa de la oscuridad cohabitan sin anularse la una a la otra aun cuando muestren polaridades opuestas.

El mejor modo de visualizar dicho punto es imaginar un globo lleno de agua, flotando en medio del océano, dando vueltas y rodando en todas direcciones debido a los cambios climáticos y al movimiento de las olas. El Punto Cero se encuentra situado en medio de este globo. El núcleo del mismo se halla siempre equilibrado a pesar de toda turbulencia externa.

Tiene usted que comprender que situarse en el Punto Cero no significa “desprenderse de algo”. En el Punto Cero no nos desprendemos de nada: al contrario, tratamos de mantener dos polaridades distintas en el mismo espacio.

En el ámbito terapéutico, la tendencia que seguimos desde algunos años es reencontrar nuestra historia para comprenderla mejor y volver a la fuente de los conflictos donde subyacen nuestros malestares y nuestras reacciones inconscientes.

Sin querer criticar este enfoque que yo misma he practicado un tiempo, comprendo hoy que no nos libera del sufrimiento y la ansiedad.

Por cierto, somos más sabios, hemos recuperado fragmentos perdidos, pero no hemos todavía conscientemente aceptado y amado en su totalidad todo lo que somos aquí y ahora. Claro que comprendimos quién había hecho qué – como en una historia criminal – pero en el fondo no pasamos a otro nivel.

Este enfoque puede ayudarnos a comprender mejor y posiblemente sentirnos mejor pero esto jamás nos curará. La verdadera curación no es una dirección o una meta que hay que alcanzar, es un acto de amor y de aceptación incondicional de uno mismo.

El enfoque de este trabajo es de permitir a la persona desapegarse del deseo de sanación y de la insistencia de crecer y volverse mejor para poder desarrollar la propia presencia a todo lo que es.

Estar consigo mismo en el punto cero, incluyendo la sombra y la luz, frente al sufrimiento y la ansiedad, es una apertura de convergencia.

La única idea desarrollada por la filosofía del punto cero es que no hay ninguna técnica que no sea aceptable o preferible. Lo unico importante es abrazar en total aceptación quienes somos en lugar de tratar de volvernos mejores.

Kishori Air

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