Aprendiendo a Conocernos…

APRENDIENDO A CONOCERNOS
Algunos tenemos, la mala o buena suerte, de pasar por momentos difíciles.

Si aprendiésemos a aprovechar estos golpes como algo positivo en lugar de quedarnos en la queja estéril, en el odio y en la bronca, podríamos empezar a conectarnos con nosotros mismos, a cuestionarnos, a conocernos, y a pensar qué es lo que la vida nos está tratando de enseñar.

Todo, lo bueno y lo malo, ayuda a crecer. Buscar espacios de silencio.

Hoy en día no los hay.

Estamos hostigados por la televisión, la música, la computadora, los amigos y la familia, los cuales tapan el silencio donde precisamente uno puede escucharse, hacer un balance y cuestionarse ¿cómo estoy?, ¿es así como yo quiero estar?, ¿tengo lo que soñé?, ¿qué me gustaría hacer?, ¿cómo llego a eso que busco?

Hace falta detenernos un poco y empezar a reflexionar, pero no desde un lugar negativo o de castigo sino desde el balance.

Vencer los miedos y empujar nuestro potencial al limite. Muchas veces nos boicoteamos y nos aferramos a lo conocido, esto nos da seguridad y estabilidad, sin embargo, cuando damos un paso más, salimos de esa zona de confort, y finalmente vemos que somos capaces de hacer más de lo que imaginábamos.

Es allí donde más nos esforzamos y en donde podemos descubrir nuestros potenciales y talentos ocultos. La práctica constante y la repetición es lo que crea el hábito.

Lograr conocernos es un ejercicio, un trabajo de todos los días y lleva tiempo, pero finalmente se convierte en algo automático.

Hagamos una analogía: si yo me despierto cada mañana de mal humor, puedo empezar a ensayar una sonrisa y a agradecer las cosas que tengo.

Al principio me va a costar y hasta me voy a forzar a hacerlo, pero a costa de la repetición va llegar el día en que ya me levante con la sonrisa en mi rostro. Lo mismo ocurre con el autoconocimiento.

Hay que aprender a conocernos, a “reconocernos”. Una vez que aprendo a identificar mis problemas o las cosas que son negativas busco la manera de ir modificándolas y a fuerza de repetición terminarán siendo un hábito.

Compartir las herramientas.

Si veo que una persona puede lograr algo que yo también anhelo, tengo que encontrar las mismas herramientas que él utilizó para hacerlo; tomar al otro como ejemplo y sacar provecho de su experiencia y no mirarlo con recelo porque consiguió aquello que yo también busco.
Cuando logramos conocernos comenzamos a valorarnos, a sabernos únicos y con una misión específica, y fundamentalmente a comprender que nuestra felicidad no depende del otro sino exclusivamente de nosotros mismos.

Por: Mariana Autilio –

Ho´Oponopono Ahora

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