“EL SÍ MISMO ILUSORIO” ECKHART TOLLE”

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Tu realidad se convierte en un reflejo de la ilusión original.  La palabra “Yo” encarna el más grande error y la más profunda verdad, dependiendo de cómo es utilizada. En el uso convencional, no sólo es una de las palabras más frecuentemente usadas en el lenguaje (junto con las palabras relacionadas:”mí”, “mío”, “yo mismo”) sino también una de las más engañosas.
En el uso cotidiano normal, “Yo” encarna el error primordial, una percepción errónea de quién eres, una sensación ilusoria de identidad. Éste es el ego. Esta sensación ilusoria de sí mismo es a lo que Albert Einstein, quien tenía una visión profunda no sólo en la realidad del espacio y el tiempo, sino también de la naturaleza humana, se refirió como “una ilusión óptica de la conciencia.” Ese sí mismo ilusorio se convierte luego en la base de todos las otras interpretaciones, o más bien interpretaciones erróneas de la realidad, de todos los procesos de pensamiento, interacciones y relaciones.
Tu realidad se convierte en un reflejo de la ilusión original. La buena noticia es: Si puedes reconocer la ilusión como ilusión, se disuelve. El reconocimiento de la ilusión es también su final. 
 
Su supervivencia depende de tú confundiéndola con la realidad. En la visión de quién no eres, la realidad de quién eres surge por sí misma. Esto es lo que ocurre mientras lees lenta y cuidadosamente este capítulo y el siguiente, que son acerca de la mecánica del falso sí mismo al que llamamos el ego. La mayoría de la gente está todavía completamente identificada con la corriente incesante de la mente, del pensamiento compulsivo, la mayor parte de él repetitivo y sin sentido. No hay un “yo” aparte de sus procesos de pensamiento y de las emociones que van con ellos. 
 
Éste es el significado de ser espiritualmente inconsciente. Cuando se les dice que hay una voz en su cabeza que no para de hablar, dicen, “¿Qué voz?” o la niegan con enojo, lo cual por supuesto es la voz, es el pensador, es la mente no observada.
Casi podría ser visto como una entidad que ha tomado posesión de ellos. Algunas personas nunca olvidan la primera vez que se desidentificaron de sus pensamientos y brevemente experimentaron el cambio en la identidad de ser el contenido de su mente para ser la conciencia en el fondo. Para otros, sucede de una manera tan sutil que apenas lo notan, o simplemente notan un influjo de alegría o de paz interior sin saber la razón.

La Sabiduría del Cuerpo

 


         Todo lo somatizamos. Las emociones atrapadas, las angustias acumuladas, las tragedias del alma, las ansiedades no resueltas y hasta los deseos más ocultos. 
         Cada uno va tensado una cuerda, un nervio, un tendón, un órgano, un sistema y así, poco a poco, se va deteriorando nuestra salud.
A veces sentimos que los dolores de cabeza van en aumento, que aparecen espontáneamente, que se repiten injustificadamente. Otras, algo nos atenaza el estómago y parece revolverse contra nosotros. 
Dolores musculares, de garganta, insomnios y mareos cubren el resto de los padecimientos que se derivan, en muchas ocasiones, de las emociones mal gestionadas.
También es cierto que el cuerpo avisa. Hay un sensor que nos alerta de que algo va mal. Lo peor es que, generalmente, no le hacemos caso. El síntoma se repite y nosotros nunca lo relacionamos con esa discusión, con el enfado, con los rencores, con el odio o con los sinsabores.
El cuerpo nunca olvida y repite. La medicina tradicional insiste en resolver los síntomas y en encontrar causas fisiológicas en lo que tal vez tienen un origen anímico que se hace endémico a base de ignorarlo y de obviar sus avisos.
Todos podemos colaborar en nuestra propia curación. Hay una fuerza interior que está dispuesta a ayudarnos continuamente. Solo hay que hacerse presente adentro. Observar lo que va mal, preguntarnos a qué se debe esa anomalía y regenerar la salud con la poderosa fuerza que procede de saber que todo está bien y que lo que altera nuestro equilibrio se resolverá cuando lo decidamos sin más.
El poder está en nuestra mano. Las decisiones comienzan con el deseo de estar bien y ser feliz. En ese momento, entonces, todo se dispone a nuestro favor para que logremos el bienestar que merecemos.
Cierra los ojos tendido sobre tu cama. Repasa cada parte de tu organismo mientras le preguntas por su equilibrio y su función. Si algo no va bien, si identificas la alteración deja  que llegue a ti la causa que desde tu alma provoca la insatisfacción. 
Envíale la luz violeta de tu mejor intención para sanarlo…hazlo, repítelo cada noche…y experimenta la mejoría.
Somos polvo en un lodo que se ha hecho barro en la arcilla de nuestras manos. 
Aire al fin, lleno de nano partículas infinitesimales de energía de amor puro. 
Todo puede estar bien.
Mens Sanain Corpore Sano
Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano.
Pedid un alma fuerte que carezca de miedo a la muerte,
Que considere el espacio de vida restante entre los regalos de la naturaleza.,
Que pueda soportar cualquier clase de esfuerzos,
Que no sepa de ira, y esté libre de deseos
Y crea que las adversidades y los terribles trabajos de Hércules son mejores que las satisfacciones, la fastuosa cena y la placentera cama de plumas de Sardanápalo (Asurbanipal o Sardanápalo, fue un rey asirio que era representado por los antiguos griegos como un sátrapa disoluto, apegado a los lujos y placeres sensuales al mejor estilo de las cortes orientales),
Te muestro lo que tú mismo puedes darte, con certeza que la virtud es la única senda para una vida tranquila.
Extraído de la web

Conexiones entre la enfermedad y los secretos familiares

¿Qué es la familia?

La familia es lo permanente, estaba antes de que llegáramos, le pertenecemos mientras vivamos y seguirá existiendo después de nosotros. Es una generación de vivos, que caminan como mínimo con dos generaciones de muertos a la espalda hasta la línea de meta, donde le toca subirse a la espalda de la siguiente generación de vivos.

¿Yo soy mi familia?

Recordemos que desde la perspectiva de la metagenealogía cada uno de nosotros está habitado por las tres generaciones que lo preceden, lo que hace un mínimo de catorce personas. Desde esta perspectiva, consideramos que los secretos guardados en una generación son un manantial insano de traumas y conflictos para los que lleguen detrás.

¿Hay alguna relación entre la enfermedad y los secretos familiares?

La relación entre enfermedad y secretos familiares se hace bastante evidente en el estudio de los árboles genealógicos. La familia es como una olla psicológica llena de secretos, tabúes, silencios, vergüenzas. Hay asesinatos, locura, robos, infidelidades, cárcel, incesto, abusos… Así, la enfermedad no es la solución del problema, sino una invitación a enfrentar un conflicto familiar que se ha mantenido secreto. Como escribió Françoise Dolto: “Lo que es callado en la primera generación, la segunda lo lleva en el cuerpo.”

¿Qué cosas, a nivel psicogenealógico, vamos cargando en el cuerpo?

En el lado derecho… está la herencia paterna
Lado izquierdo…herencia materna
El vientre…la madre
Problemas de espalda…cargas a los padres
Padres divorciados, o separados…puntas de los pies se separan
Miedo a la sexualidad…pelvis movida hacia atrás
No te han amado…pecho endurecido e insensible

¿Si no uso palabras para expresar mi dolor, lo expresaré con mi cuerpo?

Anne Ancelin Schützenberger lo ha estudiado a fondo: “Los duelos no hechos, las lágrimas no derramadas, los secretos de familia, las identificaciones inconscientes y lealtades familiares invisibles” pasean sobre los hijos y los descendientes. “Lo que no se expresa con palabras se expresa con dolores”. O por accidentes, como el caso de una biznieta que pierde su virginidad por accidente a los siete años (jugando al salto de pértiga) y estudiando su árbol, descubre que su bisabuela fue fruto de una violación, concebida en la misma fecha que ocurrió el episodio.

¿Cómo se pueden observar los secretos en el árbol genealógico?

Cuando el árbol quiere desvelarte un secreto, crea una estructura, algo que se repite, con eso pretende llamar tu atención. Por ejemplo una fecha que se repite, un estilo de elección de la pareja, unos accidentes con ingredientes similares. Estos secretos se guardan por vergüenza, por pudor, por proteger a los niños o autoprotegerse ante la sociedad.

¿Dónde se sitúan esos secretos?

Cada secreto que tenemos está en el estrato que le corresponde (los cuatro egos):

-Mis ideas locas secretas, podemos identificarlas en el nivel de mis bisabuelos
-Mis emociones secretas, están en mis abuelos
-Mis secretos sexuales-creativos, están en mis padres
-Mis secretos materiales, de territorio, están en mis hermanos

Cuando el secreto lo porta un miembro de la familia, éste lo vive como un cuerpo extraño y molesto, su cuerpo lo vive como un tumor o un bolo alimenticio que tiene que salir a fuera. Nunca debemos contar secretos a los niños, es un Abuso con mayúsculas.

Sabemos además el poder de la comunicación no verbal, si alguien delante de ti se calla una información importante, se delatará tarde o temprano con algún gesto inconsciente. Freud decía que “Aquel cuyos labios callan, conversa con la punta de los dedos. Se traiciona por todos los poros”.

Claudine Vegh decía: “Vale más saber una verdad, aún cuando sea difícil, vergonzosa o trágica, que ocultarla, porque aquello que se calla, es subordinado o adivinado por los otros y ese secreto, se convierte en un traumatismo más grave a largo plazo”.

Los secretos hay que airearlos si son del presente, de la manera más adecuada y en el momento más propicio, o sanarlos con la psicomagia si son del pasado. Una herramienta útil es dibujar el árbol sanado: se trata de hacer una obra en la que representemos a todos los miembros, con dibujos o fotografías pegadas a modo de collage. A cada uno le pondremos su finalidad cumplida, todo aquello que les damos nos lo damos a nosotros mismos, y ahí aparecerán todos los secretos convertidos en bendiciones.

El árbol guarda secretos, al tiempo que puede intentar desvelarlos. En todo árbol aparece en un momento determinado un héroe, el que lo sana y se sana, aquel que se atreve a construir el árbol genealógico. No existen los árboles sanos porque vivimos en una sociedad enferma.

“La sanación del árbol consiste en quitar la repetición, comprenderla, o repetirla en una forma positiva”

Extraído de la Web

LA LLAVE QUE ABRE TODAS LAS CERRADURAS . Osho

El método occidental consiste en pensar en un problema, encontrar las causas del problema, penetrar en la historia del problema, en el pasado del problema, llegar a las raíces del problema, hasta el principio mismo.  Descondicionar la mente, o recondicionar la mente, recondicionar el cuerpo, sacar a la luz todas las huellas que han quedado en el cerebro… Ése es el método occidental. 
El psicoanálisis penetra en la memoria; trabaja en ella. Va hasta tu infancia, a tu pasado; se mueve hacia atrás. Encuentra dónde surgió un problema. A lo mejor fue hace treinta años, cuando eras un niño, y el problema surgió en tu relación con tu madre, y puede que el problema venga de vidas anteriores; el psicoanálisis retrocederá hasta allí. Es una tarea muy larga y muy lenta, y ni siquiera eso sirve de mucha ayuda, porque hay millones de problemas. No es cuestión de un solo problema. Puedes reconstruir la historia de un problema; puedes consultar tu autobiografía y encontrar las causas. Tal vez puedas eliminar un problema, pero hay millones de problemas.
 
Si empiezas a profundizar en cada problema, para resolver los problemas de una sola vida, necesitarás millones de vidas! Para resolver los problemas de una vida, tendrás que nacer una y otra vez, millones de veces!  Y todas esas millones de vidas que dedicarás a resolver los problemas de esta vida, todas esas vidas generarán sus propios problemas… y así una vez tras otra.
Te quedarás cada vez más atascado en los problemas! El problema procede del pasado, así que de algún modo hay que manipular el pasado… Cuando te tomas muy en serio los problemas humanos, cuando empiezas a pensar en el hombre como un problema, cuando has aceptado ciertas premisas, has dado el primer paso en dirección equivocada. Oriente tiene una actitud totalmente diferente:  En primer lugar, dice que ningún problema es grave.  En el momento en que dices que ningún problema es grave, el problema está muerto en casi un noventa y nueve por ciento. Cambia toda tu visión del problema.  La segunda cosa que dice Oriente es que el problema está ahí porque tú te has identificado con él. No tiene nada que ver con el pasado nada que ver con su historia. 
 
Estás identificado con él, eso es lo que importa. Y esta es la clave para resolver todos los problemas. Por ejemplo, eres una persona irascible. Si vas al psicoanalista, te dirá: «Retrocede en el pasado… ¿cómo se originó esta ira? ¿En qué situaciones se fue volviendo cada vez más condicionada y se fue imprimiendo en tu mente? Vamos a tener que borrar todas esas huellas; tendremos que eliminarlas.
Vamos a tener que cambiar tu pasado por completo.» Si acudes a un místico oriental, te dirá: «Crees que estás irritado, te sientes identificado con la ira eso es lo que va mal. La próxima vez que se presente la ira, tú limítate a ser un observador, a ser un testigo. No te identifiques con la ira. No digas “Estoy furioso”. No digas “Soy la ira”. Limítate a ver lo que ocurre, como si estuviera ocurriendo en una pantalla de televisión. Mírate a ti mismo como si estuvieras mirando a otro.» Eres pura conciencia. 
 
Cuando se forma a tu alrededor la nube de ira, limítate a mirarla, y mantente alerta para no identificarte con ella.  Todo consiste en no identificarse con el problema.  En cuanto hayas aprendido esto, a no identificarte, solucionarás todos tus problemas, porque la llave, la misma llave, abre todas las cerraduras.  Lo mismo vale para ira que para la codicia, que para el sexo, etc. Vale para cualquier cosa de la que la mente sea capaz.
Recuerda que eres un testigo, eso es lo que dice Buda. Mantente alerta mientras pasa la nube. Puede que la nube venga del pasado, pero eso no tiene importancia ¿por qué molestarse con ello?
Ahora mismo, en este momento, puedes distanciarte de ello. Puedes separarte de ello, puedes romper el puente ahora mismo… y solo se puede romper en el ahora. Hace treinta años, surgió la ira y tú te identificaste con ella aquel día. Ahora no te puedes desidentificar de aquel pasado, pero sí que te puedes desidentificar en este momento, en este preciso momento… y si lo haces, toda la serie de iras del pasado, dejará de formar parte de ti. Ya no tendrás que retroceder y deshacer algo que hicieron tus padres y la sociedad, eso sería una pura pérdida de precioso tiempo presente. Primero te destruyó muchos años y ahora te destruye tus momentos presentes. Más vale que te liberes simplemente de ello, como se libera una serpiente de su piel vieja. 
 
El pasado y sus condicionamientos existen… pero existen solo en el cuerpo o en la mente; no existen en tu conciencia, porque la conciencia no se puede condicionar.  La conciencia se mantiene siempre libre… la libertad es su cualidad más esencial. La libertad es su naturaleza misma.  Puedes mirar tantos años de represión, tantos años de cierta educación. En este momento en el que estás mirándolo, esta conciencia ya no se identifica. De no ser así, ¿quién iba a ser consciente?  Si verdaderamente hubieras estado reprimido, ¿quién sería consciente?
No existiría ninguna posibilidad de hacerse consciente. Esta es la belleza de la conciencia.  La conciencia puede liberarse de cualquier cosa. No tiene barreras, no tiene, límites. Cuando ya no te identificas con las cosas, ves que todo es una estupidez. Oriente hace hincapié en el cielo (la Conciencia) y Occidente hace hincapié en las nubes (los pensamientos). Las nubes tienen una génesis; si quieres averiguar de dónde proceden, tendrás que ir al océano, después a los rayos de sol y la evaporación del agua, y la formación de nubes… y así puedes seguir, pero te estarás moviendo en círculo. 
 
El proceso continúa dando vueltas y más vueltas. Es una rueda. Una cosa conduce a otra y tú sigues en la rueda. El análisis es un círculo vicioso. Si te metes de verdad en el análisis, te encontrarás desconcertado. Si, por ejemplo, intentas retroceder al pasado, ¿dónde terminarás? ¿Dónde exactamente? Si retrocedes al pasado, ¿dónde comenzó tu sexualidad? ¿Cuándo tenías catorce años? ¿Acaso surgió de la nada? ¿Debió haberse estado preparando en el cuerpo? ¿Cuándo? ¿Cuándo naciste?
¿Acaso se estuvo preparando antes, cuando estabas en el seno de tu madre? ¿Cuándo? ¿En el momento en que fuiste concebido? Pero antes de eso, la mitad de tu sexualidad estaba madura en el óvulo de tu madre y la otra mitad de tu sexualidad estaba madurando en el espermatozoide de tu padre… Si seguimos así, ¿dónde terminarás? ¡Tendrás que remontarte a Adán y Eva! Y ni siquiera ahí termina la cosa. Tendrás que remontarte hasta Dios Padre.
El análisis siempre se queda a medias, y por eso el análisis nunca ayuda de verdad a nadie. No puede ayudar. Por, este camino no hay transformación, no hay cambio radical. En cambio ser testigo es una revolución. Es un cambio radical desde las raíces mismas. Trae a la existencia un ser humano totalmente nuevo, porque deja tu conciencia libre de todos los condicionamientos. 
 
Los condicionamientos están ahí, en el cuerpo y en la mente, pero la conciencia se mantiene sin condicionar. Es pura, siempre pura. El enfoque oriental consiste en hacerte consciente de esta conciencia pura, de esta inocencia.  Oriente hace hincapié en el cielo y Occidente hace hincapié en las nubes. El cielo no tiene génesis. El cielo no se ha creado; no ha sido producido por nada. De hecho, para que algo exista tiene que haber antes un cielo. Tiene que existir antes de que exista cualquier otra cosa. Si le preguntáis a un teólogo cristiano os dirá: «Dios creó el mundo.»  Preguntadle si antes de que Dios creara el mundo, existía o no un cielo. Si no había cielo, ¿dónde estaba Dios? Tenía que necesitar algún espacio. 
 
El espacio es imprescindible, incluso para que exista Dios. No puedes decir: «Dios creó el espacio.» Eso sería absurdo, porque no habría tenido ningún espacio donde existir. El espacio debe preceder a Dios. El cielo siempre ha estado ahí. El enfoque oriental consiste en prestar atención al cielo. El enfoque occidental te hace prestar atención a las nubes, y te ayuda un poco, pero no te hace consciente de tu núcleo interno. 
De la circunferencia sí, te haces un poco más consciente de la circunferencia, pero no eres consciente del centro. Tienes que encontrar el centro, y eso solo se consigue siendo testigo. Ser testigo no cambiará tu condicionamiento. Ser testigo no cambiará la musculatura de tu cuerpo. 
 
Pero ser testigo te proporcionará una experiencia, la de que estás más allá de toda musculatura, más allá de todo condicionamiento. Y en ese momento de distanciamiento, en ese momento de trascendencia, no existen problemas. Si en algún momento echas de menos el problema, puedes entrar en el cuerpo-mente y disfrutar del problema. 
Si no quieres tenerlo, puedes quedarte fuera. El problema seguirá ahí, como una huella impresa en el fenómeno cuerpo-mente, pero tú estás aparte, distanciado de él. Así es como funciona Buda. Tú utilizas la memoria (la mente) y Buda también utiliza la memoria, pero él no se identifica con ella. Él utiliza la memoria como un simple, mecanismo.  Cuando tengo que utilizar la memoria, la utilizo, pero Yo no soy la mente; la conciencia está presente. Yo sigo siendo el que manda y la mente sigue siendo un sirviente. 
Cuando se llama a la mente, ella acude; se la utiliza para lo que sirve, pero no se la deja dominar. Siguen existiendo problemas, pero existen solo en forma de semillas en el cuerpo y la mente. El pasado no se puede cambiar, pero ahora puedes salir de ahí. Ahora sabes que aquello era simple identificación. Ser testigo es la técnica para centrarse. No vivas desde el ego (la identificación), vive desde el Ser (el centro, la presencia).
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 Osho
Extraído de la web
 

PASOS PARA SANAR NUESTRAS HERIDAS EMOCIONALES

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5 pasos para sanar nuestras heridas emocionales

Las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida conforman nuestras heridas emocionales. Estas heridas pueden ser múltiples y podemos llamarlas de muchas formas: traición, humillación, desconfianza, abandono, injusticia…

No obstante, debemos de hacernos conscientes de ellas y evitar maquillarlas, pues cuanto más tiempo esperemos a sanarlas más se agravarán. Además, cuando estamos heridos, vivimos de forma constante situaciones que tocan nuestro dolor y hacen que nos pongamos múltiples máscaras por el miedo a revivir nuestro dolor.

Así es que, a continuación, os mostramos 5 etapas que necesitamos experimentar para sanar nuestras heridas emocionales:

 

1- Acepta la herida como parte de ti mismo.  

 

La herida existe, puedes estar o no de acuerdo con el hecho de que existe pero el primer paso es aceptar esa posibilidad.  Según Lisa Bourbeaur, aceptar una herida significa mirarla, observarla detenidamente y saber que tener situaciones que resolver forma parte de la experiencia del ser humano.

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No somos mejores o peores solo porque algo nos haga daño. Haberte construido tu coraza de protección es un acto heroico, un acto de amor propio que tiene mucho mérito pero que ya ha cumplido su función.

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Es decir, te protegió de los ambientes que te dañaron pero, una vez que la herida está abierta y la puedes ver es momento de pensar en sanarla. Aceptar nuestras heridas resulta muy beneficioso entre otras cosas porque nos ayudará a no querer cambiarnos a nosotros mismos.

 

 

2-Acepta el hecho de que lo que temes o reprochas, te lo haces a ti mismo y a los demás. 

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La voluntad y la decisión de sobreponernos a nuestras heridas es el primer paso hacia la paciencia, la compasión y la comprensión con nosotros mismos. Estas cualidades que desarrollarás para ti mismo, irás desarrollándolas para con los demás, lo que alimentará tu bienestar.

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A veces no nos damos cuenta de que ponemos nuestras expectativas vitales en los demás, esperando que suplan nuestras carencias y que colmen nuestras esperanzas. Lo cierto es que nuestro comportamiento lleva a anular nuestras relaciones y gran parte de nuestra vida, generando gran malestar porque los demás no responden como esperamos.

 

heridas

3-Darte el permiso para enfadarte con aquellas personas que alimentaron esa herida. 

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Cuanto más nos dañen y más profundas sean nuestras heridas, más normal y humano resultará culpar y sentir enfado hacia quien nos perjudicó. Date permiso para enfadarte con ellos y perdónate a ti mismo.

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De lo contrario, desahogarás todo ese rencor contigo mismo y con los demás, pues si lo haces es como si estuvieras arañando tus heridas de forma constante. Sentirse culpable dificulta el perdón pero liberarnos de esa culpa y el rencor es la única forma de sanar nuestras heridas.

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También es necesario perdonar, pues debemos aceptar que las personas que hieren es probable que lleven dentro un profundo dolor. Nosotros mismos dañamos a los demás con las máscaras que nos ponemos para proteger nuestras heridas.

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4-Ninguna transformación es posible si no se acepta previamente la herida. 

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Esta herida te va a enseñar algo, aunque es probable que te cueste aceptarlo porque nuestro ego crea una barrera de protección bastante eficaz para ocultar nuestros problemas.

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Lo cierto es que, normalmente, el ego quiere y cree tomar el camino más fácil pero en realidad nos complica la vida. Son nuestros pensamientos, reflexiones y actuaciones los que nos la simplifican, aunque nos parezca demasiado complicado por el esfuerzo que requiere.

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Intentamos esconder la herida que más nos hace sufrir porque tememos mirar de frente a nuestra herida y revivirla. Esto nos hace portar máscaras y agravar las consecuencias del problema que tenemos; pues, entre otras cosas, dejamos de ser nosotros mismos.

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5-Darte tiempo para observar cómo te has apegado a tu herida en todos estos años. 

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Lo ideal es deshacernos de estas máscaras cuanto antes, sin juzgarnos ni criticarnos, pues esto nos permitirá identificar cómo debemos tratar nuestrasheridas para sanarlas.

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Es posible cambiar de máscara en un mismo día o llevar la misma durante meses o días. Lo ideal es que seas capaz de decirte a ti mismo: Vale,  me he colocado esta máscara y la razón ha sido esta.

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Entonces sabrás que estás en camino y que en el resto del viaje, tu guía será la inercia que te permita sentirte bien sin ocultarte.

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Imágenes cortesía de bruniewska y natalia_maroz

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Tomado de la Web