“LOS PENSAMIENTOS YA NO ME CONTROLAN – ECKHART TOLLE.

¿Cuál es el primer paso para acallar la mente?
por Eckhart Tolle 


Tomar conciencia de que esos espacios existen en un día normal. Estás mirando a un árbol o al cielo, a las nubes, y es un momento en el que no hay ningún pensamiento. Solamente la percepción y la conciencia a través de la cual la percepción sucede. Un espacio.

El primer paso consiste en darse cuenta de que, sin hacer nada, algunos espacios existen en mi vida. Después se pueden buscar esos espacios activamente. Yo recomiendo hacer cosas que uno hace normalmente como lavarse las manos, tomar un café, ir de aquí a allí, entrar en la escalera, subirse al ascensor… tomando conciencia de acto y del momento, sin hacer de ello un medio para un fin sino un fin en sí mismo.

Lavarse las manos sintiendo el agua, el jabón, secarse las manos… Solamente la percepción y la conciencia. Otra cosa que también recomiendo es cuando entras en tu coche, cierras la puerta y te quedas unos treinta segundos sin hacer nada, sentir el cuerpo, la vida dentro del cuerpo. No es mucho, 30 segundos, pero muchos de estos momentos en un día inician un cambio.

Esos pequeños momentos en los que no pensamos sino que estamos conscientes sin pensar. Es más importante tener muchos momentos pequeños durante el día que estar en una meditación de media hora cada día y luego pasarse el día sin tener espacios. Entonces empieza un cambio, surge la conciencia no condicionada, la conciencia pura. Lo demás, los pensamientos, son una forma de conciencia condicionada por el pasado.

Casi toda la gente está atrapada en un sentido del ‘yo’ que depende de los pensamientos condicionados y una imagen mental que tiene de “quién soy”, o sea una identidad que depende de los pensamientos. Eso significa moverse por la superficie de la vida sin nunca ir más profundamente. Una vida de ese modo se hace muy insatisfactoria, siempre hay sufrimiento. Si tu vida se desarrolla solamente en la superficie del ser, que es cuando te identificas siempre con los pensamientos, entonces le falta la profundidad y sufres.

 

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El significado de tu vida

Hoy dedica tu vida a amar, porque la muerte está cerca. Esto no es deprimente, es el Camino, y siempre ha sido el Camino.
La muerte nos llega a todos, al santo y al pecador por igual, al rico y al pobre, a la ameba y a la Vía Láctea; ella viene de noche o en la brillante luz del día, llega inesperadamente, a menudo sin previo aviso; la muerte no sabe nada acerca de tus planes, de tus sueños sobre lo que debería de ser. Ella es salvajemente inconmovible, honesta, un espíritu libre, un amante, y es irremediablemente incomprendida.
Ella apagará la película en medio de cualquier escena, de cualquiera. Ella no discrimina. La gran escena de amor, la escena de increíble éxtasis, la escena en donde por fin todo está saliendo bien, la escena donde la muerte parece tan distante; ella se escurrirá en medio de la escena y te susurrará al oído: “Esto ha sido todo… Suéltate…”
Sin ella, la vida perdería todo su significado, porque el significado está hecho sólo en relación a, o a partir de la muerte y la finitud y la limitación. La nada infinita no puede significar nada para la nada infinita. La muerte nos conecta con los ritmos de la vida.
Si viviéramos para siempre, daríamos todo por sentado. Cada encuentro con un amigo o amante perdería su encanto.
Tendríamos un tiempo infinito para hacer las paces, para sanar, para dar lo que tenemos para dar. No habría necesidad o deseo de tocar nuestro dolor, nuestros más profundos anhelos, de ponerle atención a nuestras heridas. Podríamos poner todo en pausa durante diez mil años. Las palabras que tanto deseamos decir hoy, la verdad que queremos expresar… podríamos abandonar eso indefinidamente y no tendría la menor importancia. Nuestros días perderían su urgencia agridulce.
Nos desconectaríamos del misterio de nuestros corazones.
El ego, con sus miedos, reinaría determinantemente.
El tiempo infinito haría que la vida se hiciera de muchas maneras imposible de vivir, la película imposible de ver, la historia mortalmente aburrida y terrible para contemplar. Nos perderíamos a nosotros mismos al observar la posibilidad real de un dolor interminable, tristezas sin fin, sin ningún remedio.
Para muchos, la idea de un fin en realidad hace que el día sea soportable, genera alivio. Estar conscientes de la impermanencia puede incluso agregarle cierta dulzura a nuestros días, y nos ayuda a conectarnos con gratitud, ese bálsamo maravilloso sin el cual la vida se sentiría fría y vacía.
La finitud no es el enemigo. El cuerpo y sus limitaciones, sus secreciones y limitaciones, aunque no sean las nuestras, son maestros de la gracia.
Finitud dentro de lo infinito. Límites danzando en lo ilimitado. Una ecuación que la mente humana nunca ha sido capaz de comprender. Y no es necesario que lo haga.
La muerte se aproxima, así es que dedica tu vida a lo que nunca muere – al amor, a la compasión, y a tu gentil presencia. Expándete en la inmensidad del amor; incluye un universo en tu corazón. Ponle atención al momento; tu atención hace que sea sagrado.
Y cuando la película se esté apagando, quizás recordarás que independientemente de que hayas amado u odiado la película, fue un regalo. Y entonces, amada u odiada, la película en sí se reducirá a un simple recuerdo, y esa última apariencia en forma de pensamiento desaparecerá en la nada. ¿Acaso sucedió algo? ¿Es esto una muerte, o un nacimiento? Cayendo en el no saber. Siendo uno con el misterio. De vuelta al gran Útero del que nunca te separaste, liberado de los estragos del tiempo.
Amaste, amigo, y recorriste tu camino, y a veces te tropezaste, y no resolviste todo lo que tenías previsto resolver antes del fin. Algunas tareas quedaron inconclusas, algunas preguntas sin respuestas, algunas palabras nunca se dijeron, y algunos finales no se llegaron a ver. Pero tal vez la resolución total era la mentira, y tus días sólo estuvieron allí para ser vividos, no para ser envueltos con un lindo moño.
Enfócate en todo lo que se te ha dado, no en lo que se te ha quitado, ni en lo que jamás habrá de ser.
Amaste, intentaste, hiciste más que lo que pudiste haber hecho, tocaste a otros y fuiste tocado profundamente a cambio, le diste vida a tus días, esos días que te fueron dados, reíste y lloraste, y nada de esto es menos significativo por el hecho de que se esté terminando.
La luz de la atención brilla mucho más ahora, la curiosidad es mucho más fuerte, la presencia más cálida, la intimidad más profunda. Todo fue siempre acerca del viaje, amigo, nunca acerca de llegar a determinado destino, o a una línea de meta. Eres demasiado valiente como para quedarte en un destino, estás demasiado vivo como para detenerte en resoluciones.
El significado de tu vida es tu vida, vivida.
– Jeff Foster

Cuando la energía del miedo no va hacía el “programa ego”. David Topi

Siguiendo el hilo del último artículo, donde hablábamos de la producción de formas mentales y pensamientos “negativos” para mantener activo el “programa” ego, que, como habíamos dicho, se nutre de cualquier energía que tenga como sustrato base el miedo, veamos ahora otra de las funciones del porqué, este “programa”, está diseñado para generar este tipo de pensamientos de forma autónoma, y sin que entre o medie ningún tipo de consciencia o detonante externo necesario para ello.

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Si os habéis auto observado alguna vez en esta situación, quizás más claramente durante la noche, aunque está activo 24/7, habréis notado que, a partir de cosas cotidianas de nuestro día a día que no tendrían porque llevar a esa generación espontánea de formas mentales negativas, se producen en vuestra mente “escenas” de todo tipo, lidiando con personas, eventos y situaciones, que, aun no teniendo porqué haber sucedido en vuestra vida “real”, ni tener que suceder jamás, se presentan ante vuestra percepción como escenarios posibles y desenlaces realmente dramáticos, negativos, de baja vibración. Lo peor de todo, es que esto sucede de forma automática, ya que forma parte de un “comando energético” que actúa por si solo.

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Por ejemplo, si tenemos que dar una conferencia, y estamos dándole vueltas a ello preparándola, pueden aparecer en nuestra cabeza todo tipo de escenarios e imágenes donde todo sale fatal, el público sale muy disgustado, eres incapaz de hablar de forma coherente, u otros posibles desenlaces que podríamos imaginar. Realmente, ninguno de ellos posiblemente se verá manifestado, y el evento será un éxito, sin embargo, “algo” en tu psique, ha desarrollado estas líneas de acción con una potencia lo suficientemente grande como para generar formas mentales asociadas a ella que han sido “expulsadas” al exterior.

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Combinando pensamientos con miedos

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¿Como se hace? Es bastante sencillo si usamos la analogía de una rutina informática, un programa con un código que hace cosas porque así está programado para hacer, sin que nada externo le diga que tiene que hacerlo. En este caso, es una sub-rutina de nuestro programa ego (al menos así la percibo si me sitúo en modo “auto observador”), donde se cogen los pensamientos “normales” que tenemos, en este caso, la preparación de ese evento, y se “mezclan” automáticamente con los miedos de la persona, por ejemplo, el miedo a hablar en público o a no ser entendido, por seguir con el ejemplo. En este caso, el código que hace esto en el programa ego, literalmente funciona asociando un pensamiento con un miedo, el que esté más relacionado a ese pensamiento, y generando, a partir de esta combinación, los escenarios mentales que producen esa cantidad de energía (porque es mucha) que proyectamos al exterior sin comerlo ni beberlo.

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¿Y a dónde va esta energía? Pues si pudiéramos seguir  intuitivamente o clarividentemente el hilo de varias de estas “ondas” generadas por estos escenarios en nuestra mente, descubriríamos que no sirven solo para la “nutrición” de ese programa ego y el mantenimiento de la programación de las esferas mentales, pues, como explicábamos en la conferencia sobre la psique del ser humano, esa es principalmente la función de la energía sexual y de su centro de control correspondiente, y es por eso que nos tienen bombardeados con sexo constantemente de forma subliminal.

 

 

 

Así que, si el programa ego en realidad necesita solo “un poco” de esa energía con sustrato de miedo, y se usa más bien la energía sexual para mantener el control sobre la esfera de conciencia, la personalidad artificial de cada uno y la programación de nuestras esferas mentales, ¿porqué genera automáticamente tantas formas mentales “negativas”? La respuesta algunos ya la conoceréis, pues la generación de formas mentales negativas es una rutina automática programada en nuestra psique, para la nutrición “de los de arriba”, por los que nos crearon en su momento, y por los que nos gestionan ahora.

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Básicamente, los “de arriba”, es una forma de hablar de las razas que, como hemos dicho muchas veces, se nutren de nuestra energía. No vale la pena entrar en detalles que son poco agradables para la mayoría, confío en que ya sepáis que no estamos en el “top” de ninguna pirámide de alimentación sino que somos un eslabón más en ella. Como es arriba es abajo. Los que habéis visto la película “El Destino de Júpiter” ya tendréis una idea más clara de a que me refiero (pues es bastante literal con la realidad en este aspecto).

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Así que, el hecho de que en nuestro programa ego haya una subrutina que genere “ondas” mentales, formas energéticas asociadas a vibraciones con base de miedos, no tiene otro objetivo que generar, automáticamente, energía, egregores y balsas de sustrato de bajo nivel, que son, parcialmente, las que usan ciertas razas y entidades para su sustento energético.

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¿Reprogramar esta rutina egoica?

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La cuestión es, ¿se puede reprogramar esa sub-rutina dentro del programa ego para que no genere automáticamente formas mentales negativas? No lo sé aun. Voy de descubrimiento en descubrimiento. Somos una especie de Mercadona galáctico,  donde se usa  la cantidad de energía emocional negativa que los seres humanos proyectamos constantemente como alimento para aquellos que, en su polaridad evolutiva, tienen esto como sustento. Quizás ahora entendemos también porqué el programa de gestión de la personalidad artificial que poseemos tiene un componente programado para ello, ya que amplia el abanico de fuentes emisoras de “alimento” hacia las razas y especies que lo recogen luego.

Rumores de la red

Al hilo de todo esto, otra pregunta me queda en el aire, pues corren rumores de que hay ciertos ultimátums y luchas por “echar” definitivamente a todos aquellos que llevan milenios moviendo los hilos en la sombra de este planeta. De hecho, uno de esos rumores habla de que la élite dirigente de una de estas razas estaría dispuesta a “abandonar” a todos sus sub-alternos y a la élite de nuestro planeta que han tenido siempre como “aliados”, a cambio de un pasaje y escapatoria fuera del planeta, sin obstáculos por parte del resto de grupos que apoyan activamente ya, el cambio evolutivo de la raza humana y nuestra libertad como tal. Como digo, son puros rumores que no tengo ni idea si tienen una base real, pero eso ahora no es lo que nos interesa específicamente. Ya veremos si se cumplen o no.

Lo que me interesa más es lo siguiente. Pensemos que, por un momento, desaparecen todos aquellos que nos usan como recurso físico, energético, nutricional, etc., pero el ser humano no es desconectado de esta función generadora de egregores mentales negativos automáticos. ¿Que se hará con toda esa energía que seguiremos generando aunque no haya nada ni nadie que la recoja y la use? La respuesta me ha venido rápido: habrá que desprogramar y encontrar formas de desactivar todo este tipo de rutinas y programas. Posiblemente el trabajo que estamos haciendo con la energía de nuestro ser o esencia sea la clave para ello. En el proceso, y para dificultar la generación automática de este tipo de formas mentales, es necesario seguir sanando y enfrentando miedos, para que haya los menos posibles disponibles para que el programa ego los cruce con nuestros pensamientos, y genere todo este tipo de escenarios negativos proporcionadores de energía a otros.

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Para los que no sois informáticos, si os choca que hable de programas y rutinas pensad que es literalmente lo que son. Nuestro programa ego es un código insertado en nuestra psique, desde el momento en el que fuimos creados como raza, en nuestra esfera de conciencia, y tiene diferentes sub-códigos que ejecutan diferentes funciones. Una de ellas es la generación de diferentes “yos”, otra la generación de formas mentales negativas que acabamos de ver, otra es la aseguración de la supervivencia del cuerpo físico, etc.  Ahora veré si con la ayuda de nuestra esencia y de aquellos que nos asisten, descubro si es factible hacer esta reprogramación en mi mismo o no.

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David Topí.
 

La Enfermedad No Existe !!!!

 

 

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Puede parecer una sentencia excesivamente categórica y premeditada, pero si apelamos a la razón simple, se puede llegar a exponer esta sentencia de forma que no se te cortocircuite ninguna neurona. Si nos ponemos en el peor de los supuestos que puedes llegar a afrontar en tu vida, seguramente la muerte sea el peor de todos. Morir es para muchos (quizás todos) el mayor temor al que se puede uno enfrentar, es la causa de miedo más extendida, más incluso que el miedo a la guerra o al cáncer, ya que está muy extendido el razonamiento que después de esta vida, no hay nada. Evidentemente que si eres de los que piensas esto, cualquier cosa que te diga a continuación te sonara elucubrativa e insostenible, pero si la ciencia está demostrando que la muerte no existe, ¿Por qué habría de existir la enfermedad?
 
Quizás estés pensando, la muerte no existe, pero morimos y la enfermedad no existe, pero enfermamos. En realidad no, lo que llamamos muerte es el fruto de la ignorancia de lo que somos, al tener como única referencia la vida física, perdemos toda referencia de las posibilidades que ofrece la transición llamada muerte, cuando naces tomas el cuerpo y cuando mueres lo sueltas, no hay mucho más que rascar, el dolor, el sufrimiento y el drama es solo consecuencia de la negación de esa otra realidad, es la concentración de todos nuestros sentidos únicamente en lo físico y palpable. Con la enfermedad sucede un poco igual, según está estructurado socialmente nuestro “modus vivendi” lo raro seria que no enfermásemos, pero a pesar de todo esto, somos capaces de sobrevivir y no enfermar si no queremos. Todos conocemos algún caso en el que alguien está completamente sano (o al menos en apariencia) y al finalizar su vida laboral, le aparecen los típicos achaques, y enfermedades de todo tipo. Seguramente el trabajo y la preocupación de sostener la estabilidad económica de su hogar, le ocupaba tanto espacio mental y emocional, que no quedaba sitio para la enfermedad, ni siquiera se otorgó la posibilidad de caer enfermo por lo tanto estuvo blindado, una vez que la responsabilidad desapareció, su sistema se deprimió, su atención se diluyo y abrió la puerta a la enfermedad.
 
Existen muchas causas para enfermar, son muchos los focos que están abiertos y muchas las formas de somatizar los síntomas en nuestro sistema. Vivimos en un entorno netamente enfermo así que acabar contaminado es solo una consecuencia puramente ambiental. Todo lo que nos rodea nos enferma, todo pensado y diseñado para que enfermes, desde el mismo instante en el que la primera bocanada de aire llene tus pulmones. El cuerpo avanza y crece en una constante lucha por la supervivencia, un gasto de energía y recursos ingente que provoca que eludir la enfermedad sea una tarea complicada.
 

 

 
 
Existen varios focos básicos por los cuales llegamos a enfermar, tocare las que creo las principales causas, de las cuales derivan muchas más, pero no voy a profundizar tanto y os voy a enumerar estos modos en los que permitimos que la enfermedad entre en nuestras vidas, sin que nos percatemos de ello.
 
Causa Emocional: Una de las causas más comunes de enfermedad es la acumulación de emociones negativas. Tras acumular durante años múltiples emociones en nuestro organismo, estas se enquistaron y se indigestaron provocando que el cuerpo reaccione ante tanta acumulación de energía emocional densa. Según sea esta emoción enquistada, así será su reflejo en nuestro cuerpo, lo más común son tensiones musculares, trastornos del sistema digestivo, circulatorio, nervioso y óseo, además de la desregulación de las glándulas como la tiroides e incluso llegar al temido cáncer. Las relaciones emocionales de tipo toxico derivan en patologías a largo plazo, la relaciones conflictivas ya sea con familia, parejas o amistades, con procesos en el que las situaciones de chantaje son frecuentes, acaban transformando esas emociones en quistes energéticos difíciles de extirpar. Evidentemente lo normal es que la causa emocional vaya acompañada de cualquier otra de las causas restantes, pero el vivir en una contante confrontación emocional, provoca que nuestro sistema se deprima y abra la puerta a la enfermedad.
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Causa Mental: Lo común en el modo de vida actual es que seamos inducidos a ponernos siempre en lo peor, pensamos de forma negativa casi por defecto, es muy común que ante un dolor de cabeza repetitivo, la primera causa que nos venga a la cabeza sea el desarrollo tumoral, en lugar de una causa por situación de estrés o nervios, por ejemplo. La mayoría de la gente son hipocondríacos en potencia, y su mente siempre le está poniendo la zancadilla, provocando que ante cualquier síntoma por mínimo que sea, se auto diagnostiquen siempre lo peor. Esa mala costumbre de ponerse siempre en lo malo, crea una tendencia que a la larga acaba por materializarse físicamente en nuestro cuerpo, estamos prácticamente ordenando a nuestro sistema que se revele y luche contra sí mismo, por lo que a la larga comenzaremos acumular múltiples cuadros que se manifiestan directamente por orden nuestra. Es una auto programación de la que detrás no existe enfermedad, pero que vamos a manifestar los síntomas tal cual se generarían de existir una enfermedad real.
 
 
 
 
 
Causa Verbal: Esta perfectamente va en sintonía con la anterior, ya que a un pensamiento negativo, le acompaña un lenguaje igualmente polarizado. Ya aparecía en el evangelio aquella sentencia que decía, “Una palabra tuya bastara para sanarme…” Pero esa misma palabra, sirve también para enfermarte, eso debes tenerlo claro. El poder del verbo es inmenso y según decretemos así concretaremos, es muy habitual hablar de la enfermedad a la ligera, muchos son los que parecen regocijarse en el dolor ajeno y mantiene en su boca un verbo completamente enfermo, el dolor, el sufrimiento y la depresión, son también producida por causas verbales, es muy común oír, estoy fatal, estoy ploff, estoy para el arrastre, me explota la cabeza, me quiero morir, etc… Pensamos que esas expresiones no van a ningún lado, maldiciones de burro las llaman, pero al final todo es un suma y sigue.
 
Causa Ambiental: El ambiente en el que vivimos evidentemente también influye a la hora de desarrollar una patología, es un enemigo pasivo que actúa las 24 horas. Las prisas, el estrés o la anticipación, van haciendo que comencemos a somatizar poco a poco causas, que si bien, no las generamos nosotros, finalmente acaban influyéndonos. Un modo de vida competitivo y estresante, donde el trabajo, la familia, las facturas y el horario priman sobre nuestra salud, provoca que abramos de par en par nuestro organismo. A todo esto hay que sumarle la contaminación electromagnética y la constante radiación de todo tipo de aparataje que emite en distintas frecuencias de radio y de micro-ondas, que perturban en gran medida nuestro equilibrio energetico.
 
 
 
 
 
Causa Química: Esta causa es la que a priori parece más evidente, a diario y cada vez más, estamos expuestos a sustancias que alteran y contaminan nuestros sistemas, provocando un lento e irreparable daño. Desde la contaminación ambiental en la que estamos expuestos a gases y metales pesados, los procesados de agua y alimentos, así como las altas dosis medicamentosas a las que nos exponemos inconscientemente, provocan que vivamos perpetuamente resentidos en nuestra salud. Este es un factor que podríamos ubicar en nuestro entorno por defecto, que está ahí presente de forma constante quieras o no, minando lentamente nuestro sistema, sobre todo en grandes núcleos urbanos donde la contaminación es aún mayor, una causa que se suele pasar por alto y que arrastra más patologías de las que pensamos.
 
Causa Karmica: Esta es una causa inducida también, ya que traemos de otras vidas patologías que acaban aflorando en nuestro presente. Esta causa que podríamos llamar kármica para entendernos, pero qué no es causada por karma real, que trae oculto la aceptación previa de acuerdos, pactos y contratos, en la que nos comprometemos a pasar por ciertos procesos de dolor y merma, con el fin de purgar causas pendientes de ciclos anteriores. Estas causas pendientes son inducidas y expuestas mediante un proceso de chantaje emocional al que somos sometidos en el proceso entre vidas, con lo cual ya venimos condicionados a sufrir ciertos patrones de dolor impuestos. Esos patrones pre-acordados afloran sin tener recuerdo o consciencia de ello, lo que provoca que suframos un vía crucis de la forma más estúpida posible, casi por capricho, ya que no impusimos nuestra voluntad y nuestra intención fue laxa.
 
Causa de Control: Todos tenemos algún mecanismo de control implantado en nuestros cuerpos energéticos. Estos implantes suelen cumplir diferentes funciones, una de ellas es activar la causa anterior, pero básicamente son elementos que controlaran al individuo e inducirán cierta causas físicas que someterán al cuerpo en forma de dolores reflejo, hasta patologías severas. El abanico es ciertamente amplio y en cierta forma potencia todas las causas anteriores. Esta causa jamás es tomada en cuenta y no es reconocida por casi nadie como causa latente de sintomatología. Esta causa de enfermedad en teoría aún no existe, así que es improbable que las causas que derivan de esta intervención puedan mínimamente ser tomadas en cuenta, es a día de hoy imposible. Esta causa está íntimamente relacionada con la anterior, no se puede separar ni entender una sin la otra, es algo que tenemos que tener en cuenta, para que se activen los preacuerdos.
 
 
 
 
Causa espiritual: Esta causa es también bastante habitual y poco tomada en cuenta, ya que como seres vivos, somos una fuente energética constante y ciertos entes espirituales se pegan a nuestro cuerpo energético por razones distintas, las cuales provocan que somaticemos por contacto aquellas emociones y energías que porten esos espíritus que se nos pegan. Por lo general, suelen ser difuntos que creen guiarnos o protegernos, pero qué en la totalidad de los casos son elementos contaminantes pasivos de los cuáles no somos conscientes y acarrean serios problemas físicos, que por lo general la medicina no consigue identificar y paliar de ningún modo. También hay que añadir a esta causa todos los parásitos astrales que pululan en nuestro entorno y que aprovechan una guardia baja para pegarse a nosotros y drenar nuestra energía provocando cansancios casi crónicos.
 
Ya sea por emociones indigestas, pensamientos negativos, decretos autoboicoteantes, influencias ambientales, componentes químicos, contratos preencarnados, implantes de control o infección espiritual, la enfermedad se manifiesta en la mayoría de los casos por pura convicción de que la posibilidad de que exista, y se exprese en nosotros existe. Manifestamos una posibilidad convirtiéndola en probabilidad, lo que crea un desarrollo que finaliza con la exposición sistémica de ella. Finalmente abrimos voluntariamente la puerta a la enfermedad para que viva en nosotros, la acomodamos y le colocamos las zapatillas, para que se sienta como en casa viviendo en nosotros.
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La medicina convencional, contempla la enfermedad como una contaminación biológica, casi como la única causa, la mayoría de las investigaciones acaban buscando un bichito en un microscopio o una ilusoria causa genética heredada. La ciencia médica no pone sobre la mesa la causa, por la cual el bichito acabo encontrando el ecosistema propicio, y solo trata de buscar el insecticida adecuado en forma de pastillita milagrosa. Mientras la medicina arrastre el ancla farmacéutica no podrá curar a nadie, ni encontrar la causa real de la enfermedad, una enfermedad que existe porque nosotros queremos que exista y nos inducen a creer en ella.
 
¿Cómo hacer entender a alguien enfermo que no lo está? Esto es casi una tarea titánica, ya que detrás de la enfermedad subyacen ciertos intereses victimistas. Muchos aun queriendo estar sanos, internamente piensan que no lo merecen, así que impiden que acaben con su cuadro particular de enfermedad. Básicamente la enfermedad es una creencia más, una programación más, una condición más de lo que es considerado normal en el hecho de estar vivo. Poco a poco veremos como el amplio catálogo de enfermedades se sustentaba en  meros intereses mercantiles y la mayoría de las patologías, o no existieron o no son siquiera posibles. Un sector psicópata como el de la salud, vive gracias a la posibilidad de caer enfermo, pero esa posibilidad la acabamos palpando por propia convicción, no por causa la real de la misma. Somos enfermos mediáticos, que compramos la psicosis de soma, que nos venden en los anuncios de la tele.
 
Quizá el caso más conocido sea el de Anita Moorjani que tras afrontar una ECM, entendió la causa emocional de su enfermedad y esta remitió “milagrosamente”. La gente tiene asumida la enfermedad como algo más que acompaña al hecho de estar vivo, es raro encontrar a alguien que no vea la enfermedad como un componente esencial en su propio acervo cultural, para muchos venimos aquí a sufrir y la enfermedad es un componente esencial en esa expiación particular de cada uno. Nadie concibe el vivir sano e invulnerable como un estado habitual en el día a día, dentro sus propias vidas. Hemos pasado del nacer, crecer, multiplicarnos y morir, al nacer, crecer, enfermar y morir, y no debería ser así.
 
Los más osados buscan alternativas efectivas para paliar y luchar contra la enfermedad, rebotando entre técnicas ancestrales, tradicionales, chamánicas, naturales, homeopáticas u holísticas, todo esto no son más que ganas de perder el tiempo buscando los tres pies al gato, buscan el modo de sanar, cuando deberían buscar la causa de la enfermedad, que es la creencia en  ella. Para curarnos no necesitamos métodos, técnicas, plantas o lo que quieran, cuando lo que se debería es hacer es un examen identificar la causa que nos enferma y evitar su exposición, como primera medida, y por último auto curarnos desde la propia voluntad de querer estar sanos, ya que la mayoría se auto engaña y esconde causas que rara vez expone al terapeuta de turno, o sea miente. La enfermedad es también un vehículo por el cual sacar rédito a una situación que nos parezca provechosa, el victimismo y el pobreteo de la pena, impide que queramos curar nuestra enfermedad, enfermedad que existe porque a mí me conviene que exista, me quejare y sufriré, pero me conviene que siga ahí, para que mi chantaje emocional sobre otros sea efectivo.
 
 
 
 
Como el sistema fabrica enfermos, el enfermo señala al que denuncia al sistema, en vez de tratar de luchar contra la verdadera enfermedad que es el propio sistema. Enfermos que mueren de enfermedades que no existen, que mueren por culpa del tratamiento o que mueren por culpa del protocolo médico, son las principales causas de muerte, estadísticamente los efectos secundarios de los medicamentos matan más gente que el tabaco y los accidentes de tráfico juntos. Hasta que el juramento hipocrático no vuelva a tomar sentido, la medicina será solo una fábrica de enfermos, una profesión prostituida por el dinero y los intereses mercantiles, que programan mediáticamente nuestras mentes para aceptarnos como enfermos y no como seres saludables. Mientras sigamos creyendo en la enfermedad, seguiremos siendo devotos fieles de esa forma de entender la vida. Mientras el dinero prime sobre la salud, nadie podrá revertir ningún proceso doloso.
 
Está claro que convencerte que puedes auto sanarte no genera beneficios ni a médicos, ni a farmacéuticos, ni a homeópatas, ni a timadores holísticos, así que   tampoco albergo esperanzas en los enfermos que son creyentes de esos buitres que se alimentan de la enfermedad. No he conocido jamás un médico que ante un paciente piense en la posible cura, solo piensa en el tratamiento, el fármaco que seguramente le recomendó un prestigioso laboratorio avalado por la Organización Mundial de la Salud, que es patrocinada por el prestigioso laboratorio que recomienda al médico su paliativo.
 
Este tema es profundo y difícil, porque si es difícil creer que la muerte no existe, mas difícil es creer que la enfermedad tampoco. Tememos que si seguimos quitando pétalos a la flor de nuestras creencias al final quedara solo un capullo, y lo que no concebimos es que al final queda una copa rebosante de vida, el polen, semilla de esa flor, un grial, que nos hace inmortales.
 
 

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