Cuando se Renuncia a la Negatividad


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Cuando se renuncia a la negatividad, el mundo se convierte en una interminable presencia de una belleza y perfección intensas, y el amor domina toda la vida. Todo es auto – luminoso, y la dicha de su esencia divina se irradia al exterior a través de su omnipresente no forma, que es expresada en el mundo de la percepción como forma. Ya no es necesario saber nada, porque no hace falta saber nada cuando uno es en realidad todo cuanto existe. La mente, en su estado ordinario simplemente sabe acerca de. Pero eso ya no es necesario cuando uno es todo lo que se puede ser.

La Identidad, que sustituyó a la antigua sensación de Yo, no tiene partes ni divisiones. Nada queda fuera de su Plenitud y Totalidad. El Ser se ha convertido en la Esencia, no diferente a la esencia de todo. En la no dualidad, no hay conocedor ni conocido, porque ambos se han convertido en uno y lo mismo. Nada está incompleto. La omnisciencia es auto-plenitud. No existe el deseo por el próximo segundo a experimentar que impulsa a la mente ordinaria, la cual momento a momento siempre se siente incompleta.

Un sentido de plenitud y libertad absolutas prevalece aun con los sentidos físicos. El deseo, el temor, la aversión y la anticipación desaparecen, y surge un placer extático de la actividad en sí.

Dado que se ha detenido la experiencia del tiempo, no hay experiencia alguna de sucesión de acontecimientos que haya que anticipar o lamentar, anhelar o temer. Cada momento es completo y total en sí mismo. La experiencia del ser real reemplaza toda sensación de pasado, presente o futuro de tal manera que no hay nada que anticipar o intentar controlar. Esto forma parte de este profundo estado de paz, liberación, amor y serenidad. Toda necesidad y todo deseo se detienen con el cese de cualquier sensación de tiempo. La Presencia, con su infinita serenidad, ha desplazado toda actividad mental y emocional.

El cuerpo permanece por la acción del poder divino, y simplemente es otra propiedad de la naturaleza que funciona en respuesta al flujo de las circunstancias según como estas lo demanden. Nada se mueve o actúa independientemente del resto del universo todo es uno. En concordancia absoluta, todo vive, se mueve y tiene su existencia en la más absoluta perfección, belleza y armonía de todo lo que es y siempre ha sido.

No existe motivación ni egoísmo alguno como fundamento de cualquier acción. Los fenómenos de la vida están ahora en una dimensión diferente, y son observados impersonalmente dado que uno está ahora en un reino diferente. Todo sucede por sí mismo en ese estado de serenidad y silencio interior, activado por el amor que se expresa por sí mismo a través del universo y de todo lo que hay en él. La belleza de la vida resplandece como infinito gozo y felicidad, una infinita paz más allá de toda emoción. La paz de Dios es tan completa y total que no queda nada que se pueda desear o querer.

Incluso el experimentar ha cesado pues ya no hay nadie que experimente nada. En la dualidad, existe un experimentador y aquello que se experimenta. En la no dualidad, esto es reemplazado al convertirse uno en todo lo que es, de tal modo que no existe separación en el tiempo, el espacio o la experiencia entre el experimentador y lo que es experimentado.

Al despertar plenamente la consciencia, ni siquiera se da ya la secuencia de eventos, y la consciencia sustituye a la experimentación. Ya no se experimentan instantes, dado que solo hay un Ahora continuo. El movimiento parece como a cámara lenta, como si estuviera suspendido fuera del tiempo. Nada es imperfecto. Nada se mueve o cambia en realidad; ningún acontecimiento tiene lugar. En vez de una secuencia, lo que hay es la observación de que todo se halla en un estado de despliegue, y que toda forma no es más que un fenómeno transitorio creado por la percepción y los hábitos de observación de la mente.

En realidad, todo viene a ser una expresión de la potencialidad infinita del universo. Los estadios evolutivos son las consecuencias de las circunstancias, pero no vienen provocados por ellas. Las circunstancias contribuyen a las manifestaciones fenoménicas, en tanto que los cambios, son en realidad el resultado de puntos de vista resultados de la observación.

Desde el punto de vista del yo personal, parece que hay multiplicidad, pero desde la omnipresencia del ser, solo se percibe una omniabarcante unidad. La omnipresencia echa abajo cualquier idea, tanto de la singularidad como de la multiplicidad. En realidad, ni siquiera existen las circunstancias. No hay ni aquí ni allí; no hay ni ahora ni después; no hay ni pasado ni futuro; no hay ni completo ni incompleto, no hay un llegar a ser, porque ya se es y totalmente auto- existente. Hasta el tiempo, en sí, es un punto de vista, al igual que la velocidad de la luz. Nuestro esfuerzo habitual por describir el universo se puede ver no como una descripción del universo, sino como una descripción de puntos de vista, y realmente como un mapa de cómo funciona la mente ordinaria.
En la realización del ser, la mente se vuelve silente. El pensamiento lógico  secuencial se detiene, en su lugar, hay un profundo silencio, una imperturbable serenidad, así como un desarrollo continuo, sin esfuerzo, pura revelación. El conocimiento trascendental se despliega por sí mismo, y la divinidad de todo brilla silenciosamente, evidente y resplandeciente. Todo se manifiesta desde la fuente divina No hay nada que buscar ni conseguir, pues todo es ya completo y total. Toda acción tiene lugar por si sola.

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