Elixir de eterna juventud

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 Vieja fórmula de ancestral sabiduría Elixir de eterna juventud

 Desde tiempo inmemorial, el ser humano ha soñado con alcanzar la eterna juventud, aunque a veces parece haber olvidado el significado mismo de ser joven.

 La juventud nos sugiere generosidad y alegría, idealismo y desapego, valentía y optimismo, libertad en la que no pesa el pasado ni angustia el futuro.

Atrapados en el materialismo, los hombres olvidaron que las fuentes de Juvenalia se hallaban en nosotros mismos y que es desde la juventud interior desde donde se obra el prodigio de la juventud integral, que se expresa en todo nuestro ser.

 “ El hombre no envejece cuando se le arrugan las células epiteliales, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas“, decía el profesor Livraga. Los viejos Maestros siempre nos enseñaron que la vida se modifica y transforma desde la actitud de nuestra mente, y que desde el estado de conciencia adecuado podemos obrar verdaderos prodigios en nosotros mismos.

 Parte del secreto ha llegado a nuestros días a través de los viejos textos de sabiduría ancestral

Vencer las emociones que nos envejecen: evitar el resentimiento, la ira y el mal genio, que nacen de la frustración. Fortalecer el cuerpo con la acción, la moderación en el sueño, la comida y el sexo: ser fuerte y estar dispuesto para ayudar, no gimoteando constantemente nuestras necesidades. Hay una vieja fórmula para constituir el elixir de la Eterna Juventud. Sus ingredientes mezclados en la proporción adecuada obran el prodigio

Desplegar toda nuestra alegría: La jovialidad surge cuando no experimentamos un agobio existencial y aprendemos a apreciar la belleza del momento presente . Liberarse de los prejuicios y dogmatismos. Buscar naturalmente la verdad y aquello que nos hace felices más allá de la opinión de los demás – Ser útil y sentirse útil.

Avivar la curiosidad y el afán por conocer. Amar el misterio. – Espíritu de aventura y desprendimiento: sentirse un peregrino de aventura por la vida. Caminar como aprendiz y no como víctima – Desarrollar una elasticidad que no acuse los temores: la vida no nos dará tirones si no nos aferramos demasiado a las cosas y las formas

Vencer al tiempo: Liberarse del pasado asumiendo las lecciones que encierra, pero mirando al futuro como promesa, pensando que todo tiempo futuro puede traer nuevas oportunidades Cultivar la amistad frente al separatismo y la soledad de hoy día. Valorar el contacto humano frente a la despersonalización. – Sentir la responsabilidad ante los compromisos no como una pérdida de libertad sino como la mejor expresión de nuestra autenticidad.

Avivar los ideales que alimentan el alma: alimentar el alma inmortal con la belleza del arte, con la pasión por la justicia, con la aspiración a la sabiduría y con la bondad de la entrega al bien de la humanidad. – Encender cada día el entusiasmo: tener un ideal, alimentarlo, avivarlo. No dejar jamás morir la capacidad de soñar

 Bañarse todos los días en un poco de sabiduría para el alma, a través de la música que verticalice las emociones, y la reflexión y la meditación que pongan en juego elevados pensamientos.

 Y, finalmente, amar, amar con el corazón y la mente; amar una flor, un atardecer; amar una mirada, amar la sabiduría, amar al mundo … EL AMOR ES LA FORMULA DE REGENERACIÓN DE LA VIDA que necesita de la inteligencia para hacerse consciente y de la voluntad para realizarse.

En nosotros está la fuente de la eterna juventud, en nosotros está la sonrisa, está la fuerza, está la mente y el corazón, está el alma inmortal, está la vida toda para recrearse a cada paso … En nosotros está el secreto, pero hay que desearlo con toda el alma, para una vez conquistado, ponerlo a los pies de aquello que amamos

Autor: Miguel Angel Padilla

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Madurar , es ver el Amor en el Alma de las personas

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A medida que vamos madurando muchas de nuestras creencias van cambiando, entre ellas nuestra perspectiva del amor. Madurar implica entender el amor de otra manera, más profunda y algunas veces, más sencilla. El amor maduro responde a una necesidad intensa cuya satisfacción conlleva un largo tiempo de crecimiento.

Cada uno de nosotros tiene un concepto de lo que representa el amor, lo que es realmente importante y qué es lo que se espera en una relación. En este proceso las ideas preconcebidas y las creencias personales tienen un peso fundamental en nuestra manera de vivir el amor.

Existen dos clases de amor, el amor adulto o amor conyugal que se describe como una amistad amorosa que incluye afecto, confianza, respeto, lealtad y conocimiento íntimo mutuo. Y el amor apasionado o infantiloide que es un estado emocional salvaje, de confusión de sentimientos y emociones como la ternura, sexualidad, júbilo, dolor, ansiedad y celos. Dicen los estudios que este amor es limitado de 6 a 30 meses, con posibilidad de resurgir a veces.

El tiempo es esa prueba del algodón que nos enseña a ver con los ojos del corazón y a apreciar lo auténtico. Es ahí donde las experiencias nos acercan al amor adulto, haciéndonos sentir más libres para expresar nuestros sentimientos y ser capaces de reconocer en el otro sus estados más profundos. Así, conseguimos ver a través de más ojos que los propios.

El amor adulto

Un concepto fundamental en el adulto y en el amor es la autonomía. Puede parecer una contradicción hablar de la unión de dos almas y hablar de autonomía, pero es que esta y la autoestima son inseparables. Los individuos autónomos entienden que los demás no existen solo para satisfacer sus necesidades: saben que por mucho amor y comprensión que exista entre dos personas, cada uno es responsable en última instancia de sí mismo, cada uno es responsable de su felicidad.

Al madurar damos un valor más justo a cada una de las cosas que vivimos, apreciando la esencia del otro y aceptándolo con virtudes y defectos. El amor adulto da lecciones de vida, valorando la esencia de la persona. En cambio, el amor egoísta e infantiloide, busca herir, ubicar o desencajar a la otra persona.

Amar satisface un ansia, un deseo de prodigar ternura. Ser amado llena otra necesidad: el deseo individual de ser querido y apreciado. Si amar constituye una clase especial de realización; ser amado es la recompensa que se le otorga. Los principios que explican cómo elegimos nuestras parejas se basan en la interacción entre las características de una persona y la apreciación de esos rasgos por la otra.

El amar y ser amado no es el único placer dentro de la relación de pareja madura, también existe satisfacción en el proteger, ayudar y guiar al otro, al tiempo de sentir seguridad y confianza.

Madurar es la capacidad de soportar la incertidumbre

¿Por qué vivimos en pareja?

En los últimos 10 años se ha trazado un perfil de desarrollo normal en el amor desde la adolescencia hasta la madurez, en el que se describe un proceso típico de desarrollo. En este perfil se observa que en la transición de la madurez nos comprometemos profundamente con los aspectos importantes de la vida, como el amor, desligándonos de influencias anteriores.

Es en esta etapa es donde nos sentimos más preparados para comprometernos en una relación íntima con otra persona, formalizar la relación, vivir juntos, y contraer matrimonio. Las personas nos emparejamos por una necesidad de seguridad, de autoafirmación, al alejarnos del hogar primario y por la necesidad de alcanzar un objetivo vital como es amar y ser amado.

La gran mayoría de los problemas de pareja suelen venir de exigencias románticas inflexibles sobre el amor y la pareja que quedan muy alejadas de los cimientos basados en la madurez y objetividad. Estas ideas distorsionadas propias del amor apasionado o infantiloide pueden hacer peligrar incluso a parejas que se complementan muy bien.

En definitiva, el amor adulto se nutre de las experiencias compartidas, pese a sus conflictos y peligros internos. La verdadera sabiduría de este amor radica en su propia evolución, pese a las fisuras y heridas propias de las relaciones emocionales.

Existir es cambiar, cambiar es madurar, madurar es crearse a uno mismo.
 Extraído de la Web